DESDE MI ATALAYA DIGITAL (XXXII). Panegírico de los profesionales de medicina general y de familia. Reordenación de los servicios sanitarios de atención primaria

“Lo esencial es invisible a los ojos”. Martina Miraballes Novoa

En referencia a la normativa instaurada en su momento (NUEVO HORARIO UN DÍA A LA SEMANA, HASTA LAS 20 HORAS DE LOS CENTROS DE SALUD EN BALEARES CON DESCANSO POR LA MAÑANA -no aceptada por los sindicatos ni la mayoría de coordinadores y médicos de familia- excepto los viernes, hasta las 17,30 antes del 1 de diciembre de 2015) -aunque sí se cumplió-, tras referirse Viçens Thomás -Diario de Mallorca (DM), en su TRIBUNA DE OPINIÓN, pág. 20, el 30 de noviembre de 2015- al Ex-ministro de Sanidad Ernest Lluch como alguien que impulsó -muchos médicos colegas estamos completamente de acuerdo- nuestro Sistema Nacional de Salud (antes del traspaso de las competencias de salud y bienestar social a todas las autonomías) una vez más se aferró a su “habitual karma” del que prácticamente nunca consigue liberarse (uno más de los muchos “karmas” de los que todos a menudo somos prisioneros y asimismo nos cuesta romper las cadenas).

Se trata de una opinión reiterativa, repetitiva, secular: el “nuevo modelo de AP” (Atención Primaria) es poco menos el no va más, la “panacea”, poniendo en duda por enésima vez el denominado “modelo tradicional”, de los estimados, admirados y reconocidos por la población española “médicos de cabecera”, quienes  siempre demostraron su profesionalidad, su extraordinario trabajo, sacrificio y abnegación dedicando mucho tiempo (multitud de horas), sobre todo en el medio rural, con una generalizada y gran aceptación popular, realizando numerosas funciones: enfermería, pediatría, obstetricia y ginecología, geriatría, cirugía y otras; a este respecto, no puede olvidarse, porque fue una realidad que el hogar, la casa del “médico de cabecera” se convertía con mucha frecuencia en el único Punto de Atención Continuada (PAC) en donde se atendían no solo urgencias sino también consultas a demanda, fuera la hora que fuera, en las aldeas y pueblos de España donde sólo había un único o escasos médicos además de la atención y asistencia dispensada en los consultorios, día tras día, noche tras noche, situación resuelta mediante turnos rotatorios acordados cuando eran más de uno.

Rememorando aquellos tiempos, recuerdo un artículo de opinión personal, dirigido a E. Lluch, también en las páginas de DM y en domingo, titulado “Carta abierta al Ministro de Sanidad” en la cual le solicitaba resolviera aquellas grandes y enormes carencias, tanto de infraestructuras, medios económicos e instrumental, como de personal y financiación económica.

Por lo tanto, a la aseveración que el nuevo modelo reguló funciones y competencias diría que sí, de acuerdo, pero afirmar que se dignificó el trabajo es no reconocer y olvidar que los “médicos de cabecera” igualmente y del mismo modo dignificaron su trabajo en todo momento: voy más lejos, estoy seguro de acertar si proclamo a todos los vientos que lo hicieron con creces, de manera individual y en muchos casos aislados geográficamente en muchísimos aldeas, pueblos y ciudades de España. Creo que su artículo se refiere a los ambulatorios urbanos, pero tampoco se ajusta a la realidad -muchos médicos por aquel entonces de ese entorno laboral así podrían corroborarlo- que se menospreciara el trabajo del personal de enfermería (sin duda quiero pensar que se refería a algún caso aislado como de hecho puede ocurrir también actualmente), ni tampoco que no existiera asistencia domiciliaria: de hecho los avisos a domicilio creo recordar que estaban y están regulados para cumplimentarse antes de las 17 h. como sucede en la actualidad

En definitiva, convendría no se olvide jamás: los “médicos de cabecera” tuvieron una amplia, una agotadora dedicación horaria, competencias y funciones no únicas sino también diversas y numerosas, sin olvidar la pésima -por no decir inexistente- dotación de otros profesionales sanitarios, auxiliares y administrativos, siendo la financiación económica insuficiente a todas luces.

Sí, también es cierto, esa amplia dedicación horaria mejoró y se resolvió con la puesta en marcha de los Equipos de Atención Primaria (EAP), así como la atención global, continuidad y accesibilidad de todos los ciudadanos gracias a la regulación y ordenación de servicios sanitarios, tanto en medios económicos y de infraestructura, como otros profesionales de salud y administrativos.

Se pensó que la ampliación del nuevo horario no mejoraba en modo alguno la necesaria, deseable  y no lograda conciliación familiar, porque no se coincide por las mañanas ni con los consortes ni con los hijos por razones obvias.  También por la insuficiente  dotación en los EAP de los susodichos profesionales y sobre todo la insuficiente financiación económica de la AP (siempre “cenicienta” en comparación con la del sistema hospitalario).

En resumen, lo aconsejable, lo primordial debe ser la confianza, la comunicación, el diálogo, el trabajo en equipo, escuchar, atender las lógicas, justas peticiones de los profesionales y sindicatos sanitarios, preferiblemente sin imposición ni justificación algunas, abandonando argumentos de tipo político (programas, compromisos electorales con los ciudadanos…), demandas sociales, de gestión económica, sin poner en duda nadie la calidad resolutiva de los médicos de familia, también reconocida de modo excelente por la población, priorizando la re-ordenación de los servicios sanitarios de Atención Primaria, de modo muy especial los de urgencia. 

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About the autor:

Especialista en Medicina de Familia y Pediatría. Máster en Psicología Clínica y Psicoterapia