DESDE MI ATALAYA DIGITAL (XXIX). ¡¡¡TOLERANCIA CERO A LA VIOLENCIA INTRA-ESCOLAR Y A TODAS LAS FORMAS DE VIOLENCIA!!!

¡¡¡”TOLERANCIA CERO” A LA VIOLENCIA EN EL ÁMBITO ESCOLAR!!!

Insistencia en hablar de conflictos en lugar de acoso. Refiriéndose al bullying, problema principal de convivencia escolar según María Garrido, la directora de la Oficina de Defensa de los Derechos del Menor (ODDM), cae en un error parecido al de la violencia intra-laboral: el acoso escolar de ninguna manera es un conflicto (sucede precisamente cuando no se ha resuelto el susodicho conflicto ) y en modo alguno afecta gravemente a la convivencia escolar porque la mayoría de alumnos ni se enteran de esa violencia psicológica o física ejercida por sus homólogos y, estoy más que seguro, muy excepcionalmente por sus superiores o maestros. Esa afirmación y catalogar como “conflicto que afecta gravemente la convivencia escolar” fue de la directora general de Ordenación, Innovación y Formación Profesional de la Conselleria de Educación Isabel Cerdá, al referirse con bastante imprecisión y de forma errónea, no ajustada a la realidad, a las 57 peticiones de asesoramiento recibidas durante el curso 2013-2014.

 En el artículo publicado a este respecto, en El Mundo el 9 de diciembre de 2014, p. 9 ILLES BALEARS, de M. Antonia Cantallops,  la directora de la ODDM mete en el mismo saco al bullying y al ciberbullying, como si se tratara de lo mismo, cuando el acoso escolar o bullying no precisa de dispositivos electrónicos ni de las redes sociales sino que puede ser una forma de violencia psicológica y/o psíquica diferente, si bien es cierto que existen algunos casos en los que sí se utilizan las antedichas redes sociales o dispositivos on-line cuando lo deseable sería no se usaran en el ámbito escolar y mucho menos durante las clases, en las aulas. Ciertamente, el nexo común sería la condición de escolares, se produzca dentro o fuera de las aulas, mas hablaríamos de Ciberbullying en caso de utilizar las antedichas redes sociales o dispositivos on-line. De bullying o ciberbullying son catalogadas 29 de dichas peticiones, el resto de discrepancias entre los diferentes agentes educativos en 16 casos (me pregunto que tiene que ver con el acoso escolar, aunque quizás se refiera a discrepancias entre dichos agentes sobre si se trata o no de acoso escolar), 11 son considerados dificultades de relación o conflictividad en el aula y 1 se cataloga de “otras peticiones”. Por lo tanto habría que precisar cuantos casos corresponden a bullying y cuantos a cyberbullying de los 29 consignados en total. El resto de casos en modo alguno se trataría de acoso escolar.

 Sí puedo compartir y estar de acuerdo en la afirmación sobre la importancia de trabajar la prevención y la multi-modalidad de intervenciones en todos los ámbitos. Lo ideal, en efecto, es solucionar el conflicto para que no se convierta de ninguna manera en violencia psicológica o física en las aulas, teniendo en cuenta las nefastas consecuencias sobre la salud mental de las víctimas, quienes al igual que sucede en la violencia intra-laboral o en los lugares de trabajo pueden culminar en el suicidio, mas no hay que olvidar que el acoso nunca es un conflicto, sino su consecuencia al no haberse resuelto este último. Triste realidad que junto a la impunidad de los acosadores, sobre todo si el centro educativo no ha tomado medidas al respecto y la insuficiente o nula actuación para detener e impedir las perversas conductas de semejantes “angelitos del mal” -irónicamente hablando-, “violentos” en potencia, futuros “monstruos”, con toda probabilidad también utilizadores de la “violencia de género”, la “doméstica” y la que es más frecuente, la ejercida contra sus padres e incluso en el transcurso del tiempo con la violencia más impune y frecuente que hoy por hoy pueda ponerse en práctica: la llevada a cabo contra los familiares o personas mayores, ancianas.

Por supuesto que las actuaciones tienen que ser rápidas, rapidísimas diría yo, pero conocemos que esa no es la realidad y que con demasiada frecuencia se acaba culpabilizando o consiguiendo que el / la escolar afectado/a llegue a creérselo, invirtiéndose la carga de la prueba (quien debe demostrar su inocencia es precisa y paradójicamente la víctima como asimismo sucede en la violencia intra-laboral o “mobbing”). Por ello, añadiría: ¡¡¡”TOLERANCIA CERO” A LA VIOLENCIA EN EL ÁMBITO ESCOLAR!!! Los padres deberían asimismo alejar del ambiente escolar tóxico a sus hijos, matriculándoles en otras escuelas o colegios en los que tengan seguridad de la inexistencia de los denominados antedichos “angelitos del mal”, de los “testigos mudos”, ya sean alumnos o docentes,  que no actúan denunciándoles si son conocedores del bullying, y conseguir el apoyo y defensa explícitos por parte de los nuevos docentes así como confiar en los profesionales de la salud si no se resuelve el sufrimiento, hostigamiento, acoso llevado a cabo con anterioridad. Está claro que comprobadas esas nefastas conductas de los acosadores, maltratadores, también deberían ser expulsados de ese ambiente escolar tóxico que han originado para que en modo alguno las repitan nunca.

Discrepancia total y absoluta con la afirmación “La mayoría de los casos no son graves”: siempre son graves por el sufrimiento y el deterioro de la salud mental y física del afectado si no se solucionan puntualmente con rapidez. También con la impresión que se deriva del estudio sobre asesoramiento sobre el acoso escolar en el sentido de la disminución de casos. La percepción de la población y los datos reales de toda España sugieren todo lo contrario.

About the autor:

Especialista en Medicina de Familia y Pediatría. Máster en Psicología Clínica y Psicoterapia

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